En los pocos años que residió en Río Grande, le bastó para marcar una época en el automovilismo fueguino. Hace pocos días estuvo en FUEGO MOTOR, dejando sus vivencias en el automovilismo deportivo.

 

GRAN PREMIO DE LA HERMANDAD
“Cuando llegué a Río Grande, en 1977, le prometí a mi mujer que no iba a correr más, pero ese año corrí el Gran Premio de la Hermandad con un Citroën 3CV, con el seudónimo Wainnright, por Mauricio que el corrió conmigo, supuestamente él era quien corría, mentira, corrí yo, no podíamos hacer mucho, pero anduvimos bien, nos divertimos, me quedé enamorado de esta carrera. Era gerente de la concesionaria Peugeot-Citroën, Galvarini Automotores, pero cuando corrí esa carrera ya no estaba en la concesionaria y puse una agencia de venta de autos usados que no había en Río Grande, eso fue a principios de 1979″.
“La primera etapa le saqué 4 minutos al segundo, corríamos sin caso, con un cinturón común, no existían cubiertas con clavos, eran las comunes nomás. Esa carrera se largó desde Río Grande, había estado nevando y al ser temprano no fue tan complicado pasar por Arcillosa, pasando María Behety había medio metro de nieve. Largué en el puesto 21 en el camino y al único que no pude pasar fue a René Díaz que había largado tercero. A la vuelta, hay una picada larga, pasando Estancia Sara, había una recta de YPF, estaba con hielo lavado, sin viento y ahí con el Peugeot 504 venía a casi 200, corría con Lampa (Torres), le pedí que a los 4 kilómetros me avise y así lo hizo, le pregunté si le dábamos un poquito más y me dijo que sí, 3 kilómetros más, largué el acelerador, al momento de doblar seguí de largo, me fui sobre la nieve y pude volver. El tiempo que hice cuando gané el Gran Premio de la Hermandad (5h 26m 23s), me lo quiso bajar Recalde cuando vino por primera vez, Jorge era amigo mío, no lo pudo hacer, durante un año lo volví loco, pero la segunda vez que vino me lo bajó por 2 o 3 minutos”.
CON EL MISMO AUTO SE FUE DE VACACIONES Y CORRIÓ LA HERMANDAD
“Ese Peugeot 504 con que corrí era del maestro de Tolhuin, yo iba cada 15 días a Ushuaia a controlar la sucursal de la agencia allá. Una vez, este maestro nos pidió si le podíamos traer el auto para hacerle el service de los 1.000 kilómetros, el vendedor que teníamos lo llevé conmigo a Ushuaia, cuando volvíamos se subió al Peugeot del maestro y me seguía en el camino. Pasando el puente José Menéndez, en la última curva antes de llegar al pueblo, pleno invierno, hielo lavado, se fue afuera y dio tres vueltas. Quedó todo torcido el auto, tuve que comprar un auto nuevo para el maestro y me quedé con ese auto para mí. Los muchachos del taller de la agencia por las noches lo fueron arreglando. En julio, con ese auto, me fui de vacaciones, uno que me debía plata me dio una casa rodante y llegué hasta Río de Janeiro. Cuando volví, corrimos la Hermandad, era el auto que usaba todos los días, para la carrera le eché nafta y a correr. Lo que hice, con mi hijo, el recorrido de la carrera, hicimos una hoja de ruta, que nadie sabía hacer en esa época”.
RALLY CODASUR
“El rally Codasur fue algo totalmente distinto. Fui a Buenos Aires por un problema que teníamos con el transporte de los autos a Río Grande y me encontré con un compañero con el cual había corrido en Buenos Aires con Citroën y él me dice que se va haber una carrera que dará la vuelta a América del Sur, la están organizando con Juan Manuel (Fangio), me preguntó si quería que corriéramos y le dije que sí. Hablé con la gente de Citroën. Me dicen que sí y armaron un equipo con tres Amy 8 y 2 Citroën CX Coupé, eran franceses a inyección, de todos estos autos el único que completó el total del recorrido, más de 31 mil kilómetros fui yo”.
“Uno de los Amy 8 los corría el sobrino de Fangio, que también se llama Juan Manuel, largó y abandonó en Uruguay durante la primera etapa. En esa oportunidad el gobierno de la provincia me apoyó, me dio la plata para la nafta de toda la carrera, por eso hay una foto donde estoy llegando a Ushuaia y me están bajando la bandera, sobre la misma hay una anécdota muy graciosa. Cuando estaba llegando a Ushuaia, había un camión de la Marina, con 7 u 8 uniformados, cuando me vieron venir salieron y se pararon en el medio de la ruta. Paré y me dieron la orden que espere ahí hasta que ellos me avisen, pregunté cuál era la razón y me dijeron que le tenían que ir a avisar al Ministro para que me baje la bandera (se ríe Sundblad), eran otras épocas”.
LA LLEGADA DEL CODASUR
Mi triunfo fue haber terminado la carrera, terminábamos en General Madariaga, íbamos por la ruta 11 que era de tierra, había una parte que era un barrial, llegamos a una loma, había autos encajados hasta los Mercedes Benz oficiales. Yo nací y me crie en el campo, entonces desinflé un poco las gomas del Citroën, primera, segunda, tercera y subimos. Cuando terminé de pasar que estaban los del Automóvil Club me preguntaron cómo hice para pasar y les dije que eran años de manejar en el barro. Entonces llegamos entre los primeros, encima habíamos parado en Punta Indio, donde hicimos lavar el auto porque estaba todo embarrado para que el AMY 8 llegara impecable, llegamos y no nos creían que habíamos corrido”.
PORQUE UN AMY 8 Y NO UN CITROEN CX
“Antes de venir a Río Grande, preparaba Citroën para la caja prendaria, que era de los planes de ahorro de Citroën, en esa época se corría con Citroën standard en una categoría que corría por todos lados siempre auspiciado por la marca y yo era el preparador oficial de Caja Prendaria, entonces había una conexión. Citroën quería auspiciar el Amy8, todos estaban enamorados del 3CV, pero al Amy8 no lo quería nadie, es más, fui a pedir un 3CV, pero ellos decidieron armar Amy8. Fueron 37 días con 3 días de descanso, hubo una etapa que fue de 2.400 kilómetros en Brasil, desde Cuiabá hasta Manaos, no había asfalto, tardamos 2 días para completar esa etapa, nos quedamos encajados, parados, llegó un momento que me cansé, me tiré a un costado de la ruta, volteando árboles con la trompa del Amy8 y pasando, porque esa ruta estaba recién hecha, eran unos arenales donde todos se quedaban encajados. Hay un libro que escribió Augé Bacqué, que era el director de la revista CORSA”.
LA HISTORIA DEL OVNI
“En este rally, cuando íbamos por el sur de Chile, que pasábamos a Bariloche, veníamos por un camino de todo faldeo, cuando doblamos vimos un puente con toda la baranda rota. Miramos hacia abajo, a unos 10 metros había un auto y los dos pilotos sentados en el techo, eran los chilenos que corrían con un Citroën GS, pero no del equipo oficial nuestro, sino de Chile, obviamente que no pudieron salir. La etapa siguiente era Bariloche-Ushuaia, donde tuvimos un día de descanso, cuando estaba terminando el día llegaron los chilenos y dijeron que iban a seguir corriendo. Largaron la etapa Ushuaia-Bahía Blanca, creo que, pasando Tres Cerros, según el piloto (Carlos Acevedo), no se acuerda de más nada y aparecieron en Bahía Blanca, que un ovni los había levantado y los había llevado hasta Bahía Blanca”.
COMO APRENDIÓ A HACER HOJA DE RUTA
“Lo aprendí del equipo italiano Fiat, en la carrera 19 Capitales en Uruguay. Corría con el fotógrafo de la revista Corsa, él era el dueño del auto y mi acompañante. Cuando fue a entrevistar a los italianos, les preguntó que era ese cuaderno que llevaban, le contestaron que la hoja de ruta y ahí le enseñaron como se hacía. En esa Hermandad solamente yo corrí con hoja de ruta, Lampa (Torres), mi acompañante, me iba diciendo lo que tenía anotado en la hoja de ruta, aprovechábamos las subidas que después no sabes que viene y nosotros sí, con viento a favor llegando a Porvenir íbamos a más de 200 kilómetros con el auto original.
SU AMISTAD CON JORGE RECALDE
“Fue en la Vuelta a América del Sur, estuvimos un mes y 10 días compartiendo todos los días, todas las noches durmiendo en el mismo hotel. Estaban los equipos oficiales, los de Mercedes Benz, que eran intocables, pero con Jorge nos hicimos amigos. Cuando vino a correr la Hermandad por primera vez, fue a mi casa y se llevó a mi hijo más chico que era fanático. Me dijo después te lo traigo, a los tres días volvieron. Jorge murió de la manera más linda, estaba corriendo un rally, faltando 250 metros para el toma tiempo se paró el auto. Con el buzo puesto, con el acompañante, empujaron el auto y cuando estaban a 100 metros, le agarró un ataque al corazón y murió, es la manera más linda de morirse de un corredor de rally”.
LA VUELTA DE SANTA CRUZ
“La empezamos con un chasco que nos llevamos. Estábamos todos formados en la ruta para largar, primero la categoría nuestra, bajan la bandera y esperaba que lo hicieron el primer auto, pero no, largaron todos y nosotros nos quedamos parados, creyendo que se largaba como un rally. Ahí corrí con un Peugeot 504 TN naranja, que le compré a René Díaz, me dio una tapa de cilindra el Vasco que la había hecho Antelo en Buenos Aires, en esa carrera era de libre preparación, pusimos esa tapa, hicimos el ablande, mi acompañante fue Hernán López Fontana, cuando terminamos la primera etapa, llegamos primero, después llegó el crédito de Santa Cruz que ahora no me acuerdo el apellido a unos 5 minutos aproximadamente, pero en la segunda etapa rompimos y tuvimos que abandonar”.
LA ANÉCDOTA DEL FIAT 600
“En la recta larga que hay antes de llegar a Porvenir, la hoja de ruta me marca loma y Lampa (Torres) me dice, a fondo, veníamos con viento a favor, a más de 200 y porque Dios quiso, fui por el lado izquierdo, cuando saltamos, vimos que abajo, a la derecha, había un Fiat 600, con los dos muchachos que corrían con el capot levantado arreglando el motor. Si hubiese elegido el lado derecho, no estaría contando estas anécdotas ni los muchachos del Fiat 600 tampoco”.
PORQUE NUNCA VOLVIO A RIO GRANDE
“La parte más linda de mi vida fue la que pasé en Río Grande, entonces venir y ver lo que vi ahora, una cosa horrible para mí, una ciudad. Cuando viví acá era un pueblo grande, éramos 7.00 habitantes, nos conocíamos todos, era muy lindo. Está muy bien que se haya progresado, pero me quedo con la imagen del pueblo grande en el que yo viví, por eso no quise volver”.