Es otro de los pibes mecánicos de los denominados de la nueva generación, con 27 años tiene más de 10 años en el rubro y una estructura junto a su amigo Iván Serafín, que tiene a pilotos de la altísima calidad como Daniel y Luciano Preto.

 

Aquiles Machuca, 27 años, mecánico de la nueva generación que tiene Río Grande y que hoy, después de un largo trajín, tiene junto a su amigo Iván Serafín, una gran estructura y varios autos de competición con su preparación.
Estuvo en FUEGO MOTOR y dijo:

“Empecé cuando tenía 13 o 14 años, con el negro Moreno (Alejandro), llegué por medio de su hijo, Matías, era hacer mates, alcanzar herramientas hasta que le dije que quería aprender. Me echaba sutilmente y yo pesado, que quería aprender. Salía de la escuela y lo único que quería era llegar al taller”.

“Pasaron más de 8 meses hasta que me dijo que empezara, le gané por cansancio, no me olvido más el primer trabajo que me dio, la llave de media para sacar el diferencial trasero de la Chevy de Rolando”.

“A mí lo que me gustaban eran los autos de carrera y sí fue como empecé con Moreno, aunque también hacía autos de carrera”.

“Después pasé por un montón de lugares, con Nito Milovic, Osvaldo Nieto, en Don Agustín, de todos traté de aprender”.

“En mi familia, acá en Tierra del Fuego, nadie estaba ligado a la mecánica, si tengo un recuerdo con mi viejo, él era de esos que se daba maña para todo. Hoy creo que cuando mi viejo se fue a Buenos Aires, quizás por extrañar ese domingo con él, me dediqué a la mecánica”.

“Moreno una vez me dijo, todos los motores de carrera tienen que tener un nombre y hoy en día, mis motores son Bernardo, por mi viejo, todos los motores tienen su chapa con el número correspondiente, los Bernardo. Por extrañar a mi viejo me metí en la mecánica”.

“Esto es un constante aprendizaje, cuando ya no le encuentro la vuelta recurro al que tiene experiencia, tengo una duda, en un auto de rally y si lo tengo que llamar a Lalo (Melogno), a Keno (Yasic), a Guerrero, a quien sea, los llamo porque sé que son personas que ha han hecho tres veces lo que hicimos nosotros, tienen una gran predisposición, te orientan, te dan una mano”.

“Tuve un taller con Leo Medina que se llamaba Lubrimax, me surgió de ir a armar un auto de pista a Córdoba y me fui, después ir a Trelew donde estaba mi hermano a un taller de hidráulica, no sabía nada de hidráulica, pero fui con cara de piedra y aprendí”.

“Siempre digo que puse mi taller con empanadas de pollo, llegué acá con poca plata, me ayudó mi familia, hacía empanadas de pollo y con lo que iba ganando me compraba herramientas”.

“Alquilé un galponcito en Perito Moreno que ni calefacción tenía, a la vuelta estaba Iván Serafín que estaba por cerrar el taller que tenía. Así que le dije que venga conmigo, que laburemos juntos y acá estamos”.

“Adoro a Nito Milovic, si yo le golpeo la puerta a las tres de la mañana y le digo que necesito una media que tiene puesta él me la da, es un fuera de serie”.

“Sapito Herrera fue el primero que me dio un auto para preparar, de rally no sabía nada, fue el primero en confiar en nosotros y estamos muy agradecidos”.

“Aprendí muchísimo con Lucas Garro, tiene un tester en la cadera, se baja del auto y te dice lo que hace el auto y que es lo que hay que hacer para corregirlo, es un gran amigo que me enseñó mucho”.

“Cuando Dani y Luciano Preto llegaron al taller lo pensamos antes de decir sí, porque teníamos a Sapito (Herrera) y Seba (Marchisio), pero no sabíamos si íbamos a poder cumplir. La verdad, no quería que me quede grande, era un salto muy grande, son dos pilotazos, de mucha trayectoria, no lo podía creer, por dentro pensaba ´que no me quede grande´, creo que vamos por el buen camino”.

“Iván (Serafín) es mi otro 50%, además de ser amigos, nos conocemos muchísimo, con mirarnos ya sabemos qué hace cada uno, hacemos un gran equipo”.